martes, 30 de marzo de 2010

Casuals: La Tribu perdida de Gran Bretaña.

Este artículo lo habreis leido tanto en el blog Casuals Spain,como en el de Vetusta firm,pero sin ánimo de ofender nio faltar al respeto a nadie,nos tomamos la libertad de copiarlos,ya que es un artículo muy interesante quese debería de leer,ya que cuenta entre otras cosas un poco de historia del casualismo y no solo centrarse en el aspecto mas morboso que es la violencia.
El artículo fue sacado de un tabloide inglés hace ya algunos años.
Sin más demora os dejamos con la lectura.



Por Barry Didcock.

Eran los días en los que la sed de violencia se unió al amor a la moda; días en los que los fans del fútbol se peleaban unos con otros en sangrientas batallas; días en los que se forjo uno de los movimientos jóvenes más controvertidos de Gran Bretaña, cuyo impacto ha sido borrado de la historia por comentaristas incapaces de describir el movimiento con sentido. La profundidad del movimiento casual (y su efecto en Escocia, especialmente en Aberdeen) son recogidos en “Enhorabuena, acabas de conocer a los casuals” un nuevo libro que intenta echar luz sobre el fenómeno, a pesar de que no re-escribirá la historia de la literatura. Su autor, Dan Rivers, es ex miembro de la famosa Aberdeen Soccer Casuals (o la ASC como eran conocidos). Su trayectoria de encontronazos a ostia limpia en las calles y en las gradas desde luego que no harán cambiar de opinión al que creía que los casuals no eran merecedores de un estudio desde el punto de vista cultural.

A pesar de ello, hay un pequeño grupo de voces que creen que el legado de los casuals en el fútbol no puede ser ignorado; los que discuten que puedes encontrarlo en cada calle de cada pueblo de Gran Bretaña; que su impacto en la conciencia popular todavía afecta a la manera en la que la sociedad percibe a los jóvenes; y que su influencia puede sentirse en la música que los jóvenes escuchan y en la ropa que llevan. Para Stuart Cosgrove, ejecutivo de televisión, y devoto fan del fútbol, los casuals son la gran subcultura oculta de la vida británica, desapercibida por todo el mundo. “La mayoría de los fans se resienten de su violencia, los sociólogos no pueden pensar en nada interesante que decir de ellos y hasta las marcas que ellos apoyan, como Burberry o Stone Island, solo desean que se vayan” dice. “A diferencia de los punkies y los mods, los casual no tenemos a nadie teorizando para nosotros. La academia debería aprender a amar a los casuals”.

El movimiento empezó en los tardíos 70, ostensiblemente cuando los fans del Liverpool siguieron a su equipo a Europa y fueron expuestos a tendencias de ropa que no eran de fácil acceso en Gran Bretaña. Coge marcas como Fila, Lacoste, Burberry y Kappa, añade un toque de peleas y una nueva cultura había nacido. Fue según un sociólogo, antiguo periodista del NME y biografo de Oasis, Paolo Hewitt “Una de las más grandes culturas entre la juventud obrera que jamás había existido” pero debido a que su origen eran las gradas de los campos de fútbol (que eran en aquel entonces dominio de la clase obrera) en lugar de las universidades o escuelas de arte, la razón por la que la prensa no se ocupó de ella.

El escritor Phil Thornton, antiguo causual del Manchester United, creció tan harto de leer libros sobre la cultura juvenil británica y del gusto estético ingles que relegaba a los casuals a una frase o párrafo, que escribió su propia visión del movimiento llamada, simplemente, “Casuals”. Según él “tienes muchas cosas escritas sobre los punks y los mods, pero no había nada que hiciese referencia a los casuals”.

Como con todos los movimientos juveniles, antes y desde entonces, eran la ropa la que marcaban a los casuals. “Ni siquiera eran seguidos por las revistas de moda” dice Peter Hooton, antiguo líder del grupo indie “The Farm”, el cual editaba un fanzine llamado “The End” a comienzos de los 80 desde la ciudad de Liverpool. Desde sus páginas, Hooton se burlaba de la violencia que se estaba convirtiéndo en una parte muy importante del fútbol británico. Pero en cualquier otro aspecto él era un miembro más de la “casual army”. No empezó con “The End” para iniciar una subcultura (sobre todo era un fan del fútbol) pero iba creciendo su inquietud sobre el rechazo que observaba hacia un movimiento genuino de la clase obrera. “Yo recuerdo a Kevin Sampson (mas tarde el manager de “The Farm” y ahora un escritor) escribiendo a “The Face”, a comienzos de los 80, un artículo sobre los casuals, y lo rechazaron. Dijeron que no había ningún interés en ese tema. Esa era su actitud.” Hooton recuerda su primer roce con el casualismo. “Este tío entró en un pub en Liverpool, fue en el 78 o 79, y tenía un par de deportivas con belcro. Todo el mundo estaba sorprendido. Le dijeron: “¿dónde las conseguiste?” y contesto “Suiza”, y eso fue todo.”

Está aceptado que los casuals tienen “Made in Merseyside” grabado en su adn. El equipo más exitoso en los 70, el Liverpool FC, también dominaban las competiciones europeas desde el 77. Y donde iba el equipo –Roma, Paris, Madrid- los fans les seguían en grandes números, cogiendo artículos de ropa deportiva que no estaban disponibles en Gran Bretaña. A finales de los 70 los fans que visitaban Anfield se daban cuenta de la exótica indumentaria de los fans de Liverpool que iban con chandals y flamantes deportivas. Más tarde, estos fans también adoptarían ropa relacionada con el cricket, caza y hasta el tenis, a través del paso de diversas tendencias dentro de la moda por las gradas. En 1981, el Liverpool ganó su tercera final europea en 5 años al Real Madrid en París. Hooton estuvo en el partido y, como miles de otros fans, viajó en ferry la semana anterior. A parte de fútbol, el tenía las zapatillas en su mente: se había extendido un rumor de que una tienda de Paris llamada “The Adidas Centre”, vendía zapatillas que no se vendían en ningun otro lugar. Era el Santo Grial para Hooton y cientos de otros Scouse casuals. Se pasaron todo el fin de semana buscándola. “Era un mito, no creo que existiera”, dijo. “Pero el lunes por la mañana todas las tiendas de deporte en Paris habían cerrado o tenían gorilas en las puertas”.

Las marcas tan amadas por los casuals no están tan entusiasmadas vínculo. “Tienes todas estas marcas como Prada, Burberry, Armani y ninguna quiere tener nada que ver por la violencia en el futbol”, dice Hewitt. “Por otra parte hacen millones gracias a ello”. Examina hoy en día las industrias de la ropa de ocio, y encontrarás operaciones multi-millonarias alimentadas por el apetito por deportivas, que son el resultado directo del amor de los casuals por las marcas. Las estanterías de cualquier tienda de deportes están llenas deportivas retro como las Stan Smiths o las Puma G Vilas. El mes anterior, el jefe ejecutivo de Burberry, Rose Marie Bravo, dijo que la adopción de la marca por los “chavs”, el equivalente ingles de los canis, probablemente no había ayudado al rendimiento de la marca en Gran Bretaña.

Algunos de los estudios han intentado relacionar la adopción de marcas como Pringle, Aquascutum o Barbour como un símbolo de aspiración. “Yo siempre he pensado que eso eran gilipolleces”, dice Thornton. “Esencialmente, la mayoría de los casuals eran “narcisistas”. Les gustaba como les sentaba la ropa, y sucede que la mejor se encuentra entre estas marcas. No hacían ningún comentario sobre subvertir el orden de clases.” “Yo creo que el hombre “dandificado” ha sido algo tipico en la juventud británica. Siempre ha habido esta obsesión por la moda de la clase trabajadora y no ser superado. Vistes de una manera que te haga especial.”

Era la obsesión por las marcas lo que lo que ayudó a que el movimiento tomara raíces en la primera ciudad escocesa, Aberdeen. Rivers traza el ímpetu por la formación del ASC después de la final de la copa de Europa entre el Aberdeen y el Liverpool en octubre del 80: “Aquel día, un grupo de los fans del Liverpool venían vestidos con ropa deportiva de diseñador y deportivas top, en lugar de con el uniforme típico del seguidor normal: ropas normal con adornos con los colores de su equipo, el rojo y blanco”. Influenciados por ello, algunos fans del Aberdeen empezaron a recorrer el país en busca de exclusividades, o simplemente de ropa cara. Como los casuals del Liverpool, tenían también sus excursiones europeas (en el 83 fueron campeones de la copa de Europa eliminando al mítico Bayern, y al más mítico aun RMCF, en la final en Gothenburg. Un año después, en la misma competición, fueron eliminados en las semifinales en Oporto. Alemania, Bélgica, Suecia, Hungría, Portugal: más de un periodo de 2 años en los que los fans del Aberdeen visitaron esos lugares. Y a diferencia de los fans del Liverpool, tenían el dinero del petróleo en sus bolsillos para poder comprar.

Gradualmente el casualismo se extendió sobre Escocia con el Hibernian y el Motherwell, los otros 2 clubs en los que más caló el nuevo look. Hasta que la gente se paso a la última moda, era casi siempre los skinheads del ASC los que hacían la guerra. Con el nacimiento de los casuals, el número se dobló. Cientos pelearían en Edimburgo, Glasgow, o Dundee.

La ASC fue el primer, más grande y temido grupo que asoló el fútbol escocés en los 80. Ya fuera en la semana que tocaba en casa, como la semana que tocaba fuera, Rivers y sus elegantes guerreros, pelearon con otras bandas: con la Capital City Service del Hibernian, o con la Saturday Service del Motherwell. También con la The Utility, una banda hecha de la mezcla entre fans del Dundee y Dundee United.

La publicación del libro de River recogía notas y diarios que llevaba entonces, supuestamente marca el 25 aniversario de la formación de la banda en el 80, a pesar de que es un concepto no contrastado. No es que hubiera habido una ceremonia inaugural. Era la última adición a lo que se ha convertido en una industria de publicación menor.

Uno de los primeros libros de hooligans también hacía referencia al Aberdeen FC. “Bloody Casuals”, publicado en 1989, sigue siendo reconocido como uno de los mejores en su clase, a pesar de que ya no se edita. La única copia de la biblioteca central en Edimburgo está guardada bajo llave, en la sección de referencias, porque el resto fueron robadas, un destino típico para los libros de su tipo. Rellene el formulario y el bibliotecario te dará un fino volumen, una exaltación de los puñetazos, Fila y el fútbol.

Si la violencia es el aspecto menos atractivo del fenomeno casual, su influencia en la industria de la música fue más benigna. Al final de los 80, los casuals desaparecieron de las gradas. Un factor importante fue el desastre de Hillsborough en el que 96 fans del Liverpool fueron aplastados durante un partido de la copa Inglesa. Tras las secuelas de la tragedia, el fútbol limpió su imagen. Mientras la policía tomaba medidas drásticas, el punto de mira estaba puesto en la cultura de las gradas que había engendrado a los casuals. Hasta las gradas también se fueron, barridas por el informe del desastre de Hillsborough que recomendó la introducción de asientos en todo el estadio.

Pero eso no fue el fin de la influencia casual. Llevados a los nightclubs por la explosión de la música house, los casuals fueron transformados de rabiosos hoolignas a fiesteros por una nueva droga: el extasis. Bandas como “Happy Mondays”, antiguo casual, llevó el estilo de moda de las gradas a los nightclubs y acabó siendo el look dominante. La influencia sigue pudiendo ser vista en actos como el del 2 veces ganador Mike Skinner, quien grabo bajo el nombre de “The Streets”. “Probablemente sea el embajador más visible”, dice Thornton. “Si miras a lo que lleva, no es tan diferente de lo que llevaban los chicos en los 70 en Liverpool. Puede que lleve Reebok en vez de Adidas Samba, o una Stone Island, en vez de una Peter Storm pero el look es el mismo”. Liam Gallagher de Oasis era una versión más temprana, aunque en los 90 los medios tenían una etiqueta diferente para la gente que vestía con el “polo geezer”. Los términos pueden cambiar pero la actitud de la sociedad sigue siendo la misma.

Cuando el Aberdeen se enfrentó al Hibernian en un partido de liga en Easter Road este sabado, te fijabas en la gente que iba al partido y casi todos los chavales llevaban algo del antiguo uniforme casual. Un par de zapatillas de marca, o un polo Lacoste; podía ser una chaqueta CP Company; o para los que iban bien de pasta, un abrigo de Stone Island de 500 libras.
Los casuals han crecido y se han tranquilizado pero en nuestro flamante nuevo y obsesivo siglo XXI, su legado está en todas partes.

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